En el marco de las celebraciones por el Día de la Universidad Nacional de Cuyo, las profesoras del área de Lengua y Literatura de la Escuela Martín Zapata llevaron adelante una propuesta pedagógica destinada a los estudiantes de primero y segundo año, con un propósito que fue mucho más allá de comprender una letra: acercar a los jóvenes a una parte de nuestra identidad universitaria y cultural.
La propuesta tuvo como eje el Himno de la Universidad Nacional de Cuyo, una composición cuya letra, escrita por Alfredo Guiñazú y musicalizada por Julio Pérceval, reúne símbolos y referencias profundamente vinculados con nuestra historia y con la identidad de Cuyo.
A partir de una actividad de lectura comprensiva, los estudiantes recorrieron sus versos, identificaron palabras y expresiones que no forman parte de su vocabulario cotidiano y descubrieron los múltiples sentidos que se esconden detrás de aquello que tantas veces cantamos.
El trabajo con el Himno permitió, así, poner en diálogo lengua, literatura, historia y cultura, ampliando la enciclopedia personal de los estudiantes y favoreciendo una comprensión más profunda de una canción que forma parte de la vida institucional. Porque comprender lo que cantamos también es una manera de reconocer lo que somos.
Las imágenes del viñedo, la tierra, el aula y el saber; las referencias a Sarmiento, Lafinur y San Martín; la presencia del paisaje mendocino y de la Universidad como espacio de conocimiento y futuro fueron algunos de los caminos que cada curso transitó desde la lectura y la interpretación.
Detrás de esta experiencia estuvo el trabajo comprometido y articulado de todas las profesoras del área de Lengua y Literatura, quienes, desde las aulas y con la mirada puesta en sus estudiantes, transformaron un texto conocido en una oportunidad para preguntar, descubrir, comprender y resignificar.
Porque enseñar Lengua y Literatura también es enseñar a mirar las palabras, a reconocer las voces que construyeron nuestra historia y a encontrar en ellas nuevas formas de pertenecer.
En cada aula, el Himno dejó de ser solamente una canción para convertirse en memoria, conocimiento y símbolo de una comunidad que aprende y crece unida. Y quizás allí radique el sentido más profundo de la propuesta: que nuestros estudiantes puedan volver a cantar esas palabras sabiendo un poco más sobre lo que dicen, sobre la historia que cuentan y, sobre todo, sobre la institución de la que forman parte.

